Es 1842 y, deprimido y sediento de vino, Edgar recorre las calles de Nueva York soñando con la belleza etérea de Cordelia, la hija de su empleador, el cirquero P.T. Barnum. Es un autor en ciernes pero su talante pesimista lo abruma, no sabe que en tan solo tres años su poema El cuervo cambiará su vida (y la literatura) para siempre. Tampoco sabe que más de siglo y medio después el escritor mexicano Bernardo Esquinca ganará el Premio Nacional de Novela Negra por un homenaje sincero y fervoroso llamado Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe (Almadía, 2018).
“Para nada tenía en mente hacer una novela de Edgar Allan Poe, pero surgió por un artículo que me pidieron y me volví a conectar con este ídolo de juventud”, explica en entrevista Bernardo Esquinca. “Fue el primer autor que leí en mi adolescencia con muchísima atención, que me obsesionó, que me marcó muchísimo”.
En Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe, Bernardo Esquinca refresca su estilo narrativo pero no se despega de sus obsesiones. Si bien su trabajo previo con historias descarnadas, asesinos seriales y chorros de sangre bañando las calles estaba quizá orientado a una audiencia más adulta, esta novela se lee más ligera, más juvenil.
Esquinca es un maestro de una literatura anfibia que se mueve entre el horror y el noir. En su Saga Casasola (serie de novelas sobre un periodista de nota roja envuelto en una trama sobrenatural) y en sus libros de cuentos, el autor recurre a los temas que lo apasionan y que denomina “obsesiones”: la prensa sensacionalista, el folclor sobrenatural, la intertextualidad con autores del género, etcétera. “Están todos mis temas ahí, pero me permite ver todas estas obsesiones desde un ángulo fresco, un ángulo distinto”, agrega sobre Las increíbles aventuras.
Inquietantes relatos y tenebrosas ilustraciones se dan la mano en la segunda parte de «Cuentos macabros», el oscuro volumen que reúne seis narraciones de Edgar Allan Poe, el maestro del relato de terror, y a las que han dado vida las imágenes del francés Benjamin Lacombe.